"Cuando pude ver más allá de mis lágrimas, pude ver, que no era la única que lloraba bajo la lluvia. Por supuesto, era él. ¿Quién más que él iba a tener un impulso de ahogar sus pensamientos con la lluvia, al igual que yo? Se sentó en un banco que estaba ahí afuera en el jardín, y yo, tomé valor y me acerqué. Él se incorporó al verme. Sostuvo su mirada en la mia por unos segundos. En la suya yo podía sentir el rencor contra mí.
- Supongo que vos, más que nadie, me odias. ¿No? Dije yo con un tono de voz apenado.
- No te odio a vos, odio en lo que te convertiste. Respondió firmenente.
- ¿En qué me convertí?
- ¿Y encima preguntás? Te transformaste en exactamente ese tipo de persona que dijiste que nunca serías. Derrumbaste lo que teníamos, decepcionaste a tu familia, traicionaste a tus amigos y a vos misma. Y, ¿por qué? Por un capricho que destrozó tu moral, tu educación y la persona que vos eras. Y odio a esta persona nueva que ahora sos. Odio tus actitudes, la manera en que ya nada te importa, lo que te hicieron y lo que me hiciste. En especial, odio lo que me hiciste.
- Es muy tarde para pedir perdón, ¿cierto?
- Nunca es tarde.
- Entonces me gustaría que supieras cuanto me arrepiento de todo, lamento lo que te hice y también lamento que esta disculpa no vaya a servir de nada.
- Sirve para que yo me de cuenta de que sos conciente de que te equivocaste.
- Pero no para otra oportunidad... - como no contestó, sabía que la respuesta era un rotundo no. Después de un silencio largo, me dijo:
- "Si no se cuida a una rosa, se marchita,
pero antes tiene que aprender a florecer.
Si algún dia florecés, querida amiga mía,
me encantaría ver tu Sol brillando otra vez"
Quizás algún día sea así. Hasta entonces.
Y eso fue lo último que vi de él, su sombra alejandose sin voltear atrás. Con respecto a lo que me dijo, un pequeño fragmento de la poesía 103, la más improvisada, la más sencilla, la que más recuerdo y la última que me dedicó."
No puedo creerlo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario